Educando a América

El porqué de un nombre pretensioso

El porqué de un nombre pretencioso

Todavía hoy recuerdo cuando decidí ponerle el nombre Educando a  America a la escuela de español que junto a una importante comunidad educativa fundamos en septiembre de 2004. Recuerdo también que no fue el único nombre que barajamos para la escuela, y que hasta hicimos una encuesta para que la gente votara qué nombre le gustaba más. Educando a América fue por mucho el más votado. Entonces, ya con nombre puesto y varias decisiones tomadas, organizamos una reunión con el resto de la comunidad educativa interesada en la existencia de la escuela de español. Seríamos unas treinta personas en total. Ese día presentamos el proyecto y las ideas principales que harían posible la enseñanza del español a niños en nuestra ciudad.

Me acusan de ser demasiado democrática y es verdad que lo soy. Me gusta escuchar opiniones e intercambiar ideas, me gusta discutir, defender y argumentar, y a eso nos dedicamos en la mentada reunión. Pero hubo allí una objeción que en particular hoy recuerdo. Una de las personas presentes, psicóloga renombrada en la comunidad levantó su mano y dijo: -“A mí me parece que el nombre Educando a América es poco humilde. No me gusta.”

No hace falta aclarar que a esa altura el nombre estaba más que decidido porque, a mi modo de ver, todo comienza por los nombres de las cosas y se me hace imposible crear sin nombrar. Y que podré ser muy democrática pero una vez que tomo una decisión, no doy vuelta atrás.

De todos modos, la objeción me hizo pensar y hasta sonreír un poco. La mujer tenía razón,  imaginar que un grupo de personas interesadas en la educación se animaba a abrir una escuelita a pulmón, con la pura fuerza del corazón, sin recursos económicos pero con toda la capacidad profesional con que contábamos, y además se atrevía a soñar que con esa escuela iba a educar a América, era poco humilde. Y entonces volví a sonreír. A veces, para emprender grandes cosas, hace falta creérsela un poco.

Así y todo, el nombre de la escuela pretende el sueño de una América bilingüe, un continente americano bien entendido, de Alaska a Tierra del Fuego. Si pensamos que de  los 36 países que constituyen América solo seis no hablan español (sin contar las Islas del Caribe), entendemos que hablar de un bilingüismo americano no es ninguna locura. Por otra parte, en la mayoría de los países de habla hispana la educación primaria es bilingüe en la actualidad. No sucede lo mismo en los países de habla inglesa. ¿Por qué? Pues simplemente porque la política lingüística de esos países tiende al monolingüismo, con excepción de Canadá y Brasil donde  sus habitantes pueden moverse con facilidad del inglés al francés o al portugués respectivamente. Hablo casi exclusivamente de los Estados Unidos. Y si bien comprendo que el inglés es la lengua internacional usada para comunicarse sobre todo en transacciones comerciales, no entiendo por qué no se puede unificar el continente americano en el uso fluido de dos lenguas: el inglés y el español.

Por eso el nombre Educando a América pretende extender el idioma español como alguna vez intentaron los primeros conquistadores de estas tierras, sin la cruz ni la espada, pero con la firme convicción que de la fusión de dos idiomas saldrá una América más unida y más justa.

Mercedes Soledad Moresco

Educando a América

Directora

mmoresco@educandoamerica.com

(Artículo publicado en el periódico EnUSA, en septiembre de 2015)

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